hypocrites

Tus corderos saltarines fueron tuyos toda tu vida, hasta el día en el que una liebre con matices salvajes apareció y reacomodó algún conjunto-sistema tuyo que no sabías que tenías. Entonces, también me acomodé yo a todos esos acertijos poco comunes, muy nuevos, que tenía que observar en toda su luminosidad para buscarles el punto oscuro, el trasfondo que se oculta en las "s" al final de las palabras pronunciadas en una llamada telefónica.

Fui quemando todos mis componentes como una estrella: pero yo no explotaría majestuosa en una supernova, sino más bien implosionaría en algo parecido a una nebulosa invisible e introspectiva, primogénita de la ansiedad y heredera de mis miedos.

Así es como pasé el día de mi juicio llorando, pues sé bien que no es día de fiestas, pero tampoco debería ser de llantos. Entre árboles que susurraban palabras calmantes me dormí; entre auriculares con canciones que he escuchado (seguramente más de cien veces), sollocé.

En tu rara mente, tu tranquilidad es más importante que cualquier malestar que ella me pueda causar en su tránsito hacia playas, haciéndome recostar en un infierno blanco, cubriendo de sonrisas forzadas la mesa del living.


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