rosácea momentánea
vuelvo a sentir cómo me relajo en la pesadez de los veranos pasados.
cómo se hunde el colchón de mi cama y limito mis pasos, mis excursiones, mis lazos. cómo duermo indefinidamente hasta que el hartazgo y el hastío me abren forzadamente los párpados. cómo desperdicio los días en llantos, en cantos muertos, en álgidos desvelos, en planes y previsiones para advenimientos inevitables a los que después alejo porque: no, no me atrevo.
entiendo que mis piezas están bien colocadas, pero hay una parte del gráfico de pastel con referencias incompletas: en el exterior son desconocidas y grises, en el interior son azules y secretas. quisiera poder sacarlas, pero hay una presión exterior y un prejuicio colectivo que las ata y mantiene quietas. se revuelven y retuercen internamente, pero nunca se mueven; se deforman y queman por fuera, pero nunca se liberan.
entretanto sigo
tomando duchas infinitas,
fingiendo estar dormida,
maquillándome con falsa autoestima,
aparentando estar en calma,
estallando espontáneamente en
rosáceas momentáneas,
desviándome de la ruta,
rechazando el edén,
huyendo de la liberación,
permaneciendo rehén,
condenándome a encandenarme
eternamente a mi propio temor,
sintiendo el temblor,
escuchando el ardor
de la piel que hace combustión
ante semejante dolor.
cómo se hunde el colchón de mi cama y limito mis pasos, mis excursiones, mis lazos. cómo duermo indefinidamente hasta que el hartazgo y el hastío me abren forzadamente los párpados. cómo desperdicio los días en llantos, en cantos muertos, en álgidos desvelos, en planes y previsiones para advenimientos inevitables a los que después alejo porque: no, no me atrevo.
entiendo que mis piezas están bien colocadas, pero hay una parte del gráfico de pastel con referencias incompletas: en el exterior son desconocidas y grises, en el interior son azules y secretas. quisiera poder sacarlas, pero hay una presión exterior y un prejuicio colectivo que las ata y mantiene quietas. se revuelven y retuercen internamente, pero nunca se mueven; se deforman y queman por fuera, pero nunca se liberan.
entretanto sigo
tomando duchas infinitas,
fingiendo estar dormida,
maquillándome con falsa autoestima,
aparentando estar en calma,
estallando espontáneamente en
rosáceas momentáneas,
desviándome de la ruta,
rechazando el edén,
huyendo de la liberación,
permaneciendo rehén,
condenándome a encandenarme
eternamente a mi propio temor,
sintiendo el temblor,
escuchando el ardor
de la piel que hace combustión
ante semejante dolor.
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