Retroalimentación
No queda más que desesperanza para los amores invisibles. Nunca existieron, nunca van a existir.
Toda una ilusión, creemos que nos salvaron, pero no son otra cosa que mariposas de plástico arañándonos el estómago.
Cuando nos damos cuenta ya es muy tarde, y los kilómetros corridos no se devuelven sólo porque el sueño frustrado estaba en medio de la arboleda.
El tiempo no para; una y otra vez mi mente y yo. Mi cerebro me dice que intente, pero yo grito que no, ya estoy cansada.
Toda una ilusión, creemos que nos salvaron, pero no son otra cosa que mariposas de plástico arañándonos el estómago.
Cuando nos damos cuenta ya es muy tarde, y los kilómetros corridos no se devuelven sólo porque el sueño frustrado estaba en medio de la arboleda.
El tiempo no para; una y otra vez mi mente y yo. Mi cerebro me dice que intente, pero yo grito que no, ya estoy cansada.
Comentarios
Publicar un comentario