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san rafael

es sábado a la tarde y llueve, camino por los mismos caminos de siempre, vacíos y muertos en el aura cotidiano de la siesta, pero hoy más que otros días, porque hoy llueve. llueve y no sé por qué la gente de mendoza se esconde le temen al agua, rehúyen del viento, si erosionan las montañas, los erosionan a ellos. yo me saqué la capucha de la campera. no pasan autos, no escucho los motores, no escucho el agua de los charcos saltando y estampándose contra la calle. es común en la siesta, es común en un día lluvioso, pero se siente raro, como si el mundo se hubiese parado. me siento sola, así que arrastro los pies al caminar, miro a los costados, las ventanas de las casas, el reloj: no hay nada, sólo yo y mis zapatillas, la calle desierta y yo. el frío inmovilizándome los dedos, la lluvia empapándome las pestañas, la piedra que pateé y se fue rodando, el ruido de mis pensamientos haciendo eco en todas las paredes. llueve y este pueblo es una burbuja, una bola de n...

juicebox

sos un punto azul esquivo en un mar de gente, un tsunami de pelo castaño, un montón de palabras que hacen sonreír. siento que no sos lo que parecés y sé que tampoco sos lo que creo que sos, pero me gustaría conocerte, aunque no creo que me dejes.

tres oraciones

no quiero llorar más vivir duele un montón hace mucho que sentir me pesa

12:51

lo veo todo como un chiste absurdo, como escribir con las manos temblorosas, o desviar la flecha del blanco casi corriendo una maratón con los ojos. lo veo como una búsqueda imposible que se remonta a tiempos de danzas llenas de delineador negro y glitter, y salidas espontáneas con el único fin de poder desviar la mirada. lo veo como la gota que cayó sobre la gota que rebalsó el vaso que nunca estuvo lleno, un pedazo de cartón desintegrándose en un plato vacío. los distintos tonos del cielo diluyéndose en un líquido corrosivo, goteando de las sábanas y quemando el piso. lo veo como las naúseas de no querer prender las luces, cerrando los ojos ante el brillo de una realidad que hace combustionar todos mis compuestos en un día que nunca termina. lo veo todo como levantarme por la mañana y decir ¿qué es esto?, sintiéndome borrosa y riendo de lo verdadero que encuentro el pensamiento de que en realidad nada vale la pena.

rosácea momentánea

vuelvo a sentir cómo me relajo en la pesadez de los veranos pasados. cómo se hunde el colchón de mi cama y limito mis pasos, mis excursiones, mis lazos. cómo duermo indefinidamente hasta que el hartazgo y el hastío me abren forzadamente los párpados. cómo desperdicio los días en llantos, en cantos muertos, en álgidos desvelos, en planes y previsiones para advenimientos inevitables a los que después alejo porque: no, no me atrevo. entiendo que mis piezas están bien colocadas, pero hay una parte del gráfico de pastel con referencias incompletas: en el exterior son desconocidas y grises, en el interior son azules y secretas. quisiera poder sacarlas, pero hay una presión exterior y un prejuicio colectivo que las ata y mantiene quietas. se revuelven y retuercen internamente, pero nunca se mueven; se deforman y queman por fuera, pero nunca se liberan. entretanto sigo tomando duchas infinitas, fingiendo estar dormida, maquillándome con falsa autoestima, aparentando estar en calma, e...

isa

en la tristeza y nostalgia de los manteles bordados, en las baldosas grises que forman el piso del cementerio, en las tardes de té y ta-te-ti en una pizarra con tizas y botones, en la caja de juguetes que daba vuelta cada vez que iba a tu casa, en las siestas de sábanas de menta y vasos de gaseosa, en las duchas indias y las remeras manchadas con barro, en las competencias de bolitas y la lata triunfal, en los bizcochuelos y las vainillas con dulce de leche, en las cortinas blancas con las que me envolvía jugando, en los dibujos que te hice hace años y todavía están pegados en la heladera, entre la radio y la televisión, en los súbitos mordiscos de la tortuga que dormía en la piedra, en la complejidad de mis pensamientos con una mente todavía feliz y niña, en los chirriantes vaivenes de los columpios de la plaza de enfrente, en cada vuelta dada a la misma, en el sega que nunca pude arreglar y los cassettes tirados, en las botellas vacías y los sobres que dejaban los rey...

próxima centauri

te prometo que un día el agua estará dulce, bien dulce. y vamos a sentir que salimos de nuestros cuerpos. cuando llevés tu voz a tu nariz y resuene colorida, rosada por el frío, todo va a estar mejor. cuando tus pestañas goteen júbilo y tu viente refleje la luz en la arena, todo estará resuelto. cuando sientas el piso suave y la piel temblándote impulsiva, el secreto se habrá fundido. el mundo puede cobrar sentido si entendés que lo más importante de tu vida transcurre entre una tarde calurosa y una noche crepitante, nublada, espumosa y gaseosa. entre tu voz emisora y el oído receptor. me encuentro muchas veces contemplando el bucle, hipnotizada, obnubilada. es que observarlo mucho tiempo es entregarte a la ceguera. inhalar sus reminentes es simplemente condensarse, condenarse. por eso, te pido: no seamos personas ciegas, de esas que cortan la carne, el plato y la mesa del comedor. de esas que transmiten el dolor por conducción. diluí tus miedos y todo será como una infan...