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Cómos, cuándos, por qués

Siempre has sentido que tenés que preguntarme cómo, cuándo y por qué. Ves la necesidad imperante de sobrepasar mis horizontes y elaborar una sentencia. Imponer castigo. Corregirme. En mí, en realidad, todo está bien. Pero un día vos me dijiste que no, entonces me hiciste creerlo. Hoy pienso: no, no estoy bien (sin embargo, ante tu mirada lo estoy, tengo que estarlo). Cuando lloré entre medio de alcohol y sinceridad: ese fue el único escape que encontré alguna vez, porque un día me dijiste que no debía llorar ni frente mí misma, pero yo en un estado alterado me dije que llorara frente a todos. Y ahí me liberé. Ni conmigo, ni con ella, ni con ellos. Me doy vergüenza cuando me veo y sé que no soy como vos, que no hago todo lo que vos hacés, que soy joven pero no libre. Y sí, quiero ser como vos: no sé cómo, sin embargo. intento, busco, veo. Y pobre la llama, porque no tiene la culpa e igualmente trata de prenderse. En el profundísimo fondo lo tengo claro: no me importa. No me ...

hypocrites

Tus corderos saltarines fueron tuyos toda tu vida, hasta el día en el que una liebre con matices salvajes apareció y reacomodó algún conjunto-sistema tuyo que no sabías que tenías. Entonces, también me acomodé yo a todos esos acertijos poco comunes, muy nuevos, que tenía que observar en toda su luminosidad para buscarles el punto oscuro, el trasfondo que se oculta en las "s" al final de las palabras pronunciadas en una llamada telefónica. Fui quemando todos mis componentes como una estrella: pero yo no explotaría majestuosa en una supernova, sino más bien implosionaría en algo parecido a una nebulosa invisible e introspectiva, primogénita de la ansiedad y heredera de mis miedos. Así es como pasé el día de mi juicio llorando, pues sé bien que no es día de fiestas, pero tampoco debería ser de llantos. Entre árboles que susurraban palabras calmantes me dormí; entre auriculares con canciones que he escuchado (seguramente más de cien veces), sollocé. En tu rara mente, tu...

961,8 °C

a las tres de la tarde, en verano, bajo el sol mi cuerpo arde; poco a poco me derrito y me fundo con la calle justo como vos el sol es traicionero, en invierno me calienta, en verano me prende fuego hiciste de las tuyas y me elevaste a mil grados, pero ya no soy tuya: ahora soy parte del cemento con el que me fundí.

acuarela

el rayo que deslumbra el arte de la mente en la piel pinceladas azules en tu pecho calambres en mis piernas superpuestos por un rato vos a tu ritmo, yo profesándote observándote, absorbiendo los rayos de sol que dejás al caminar ángel fumando tranquilamente y tocándome con el destello de su juventud, tan brillante que encandila, tan ensordecedor que no deja pensar y después de formar la ecuación infinita, veo lento como te vas lejos y resignada me dejo flotar, desviándome indefinidamente.

Funeral

está saliendo el sol y llevo repitiendo toda la noche la misma canción me duele la cabeza todavía no volvés no creo que te hayas ido dejaste acá tu ausencia tu cuerpo no está pero tus palabras viven clavadas como un cuadro en la pared ¿ha sido esta noche el funeral?

domingo 4

no tengo por qué seguir así: escondiéndote mi furia contaminando mi magia con tus peligrosos tropiezos a las cinco de la tarde voy por la calle, como siempre mirándome internamente hirviendo lentamente, haciendo ebullición tu mirada me dice que no y mientras construís tus castillos destruís mis ladrillos, los ladrillos de los que alguna vez fuiste protector necesito que entiendas mi dolor, mi muerte interna porque nunca decimos nada y mi red poco a poco se va rasgando se rasgan mis redes se desatan mis nudos y como siempre salgo perdiendo yo a las diez de la mañana en una plaza cercana hay alguien respirando rápido y llorando desesperadamente

Máquinas

vi plumas de ángel cayendo, brillaban con la luz, pasaron por detrás del humo de cigarrillo que exhalaban las sombras con las que me senté a charlar. estaba muy triste. me fui con un nuevo hueco en el alma, se despertó el viejo sentimiento de angustia sofocante. caminé con la mente dada vuelta, me estaba matando, casi se me escapa una lágrima en el medio de la calle (un desastre). me fui a dormir sin pensar en nada, sin leer, sin llorar, sin soñar. me fui a dormir y al otro día me desperté, como si fuera un robot. a las tres de la tarde todos estaban durmiendo, y me caí otra vez por el precipicio aunque sólo estaba sentada en las escaleras. después me senté en el techo y mire como los autos pasaban por la calle, miré a los chicos jugando en la plaza, miré al vecino de enfrente lavando el auto y a la señora de la otra cuadra que volvía de comprar. todos haciendo sus vidas y yo ahí, mirando. todas las personas son tan perfectas cuando las miro... como si no tuvieran problemas, c...