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Mostrando entradas de 2018

12:51

lo veo todo como un chiste absurdo, como escribir con las manos temblorosas, o desviar la flecha del blanco casi corriendo una maratón con los ojos. lo veo como una búsqueda imposible que se remonta a tiempos de danzas llenas de delineador negro y glitter, y salidas espontáneas con el único fin de poder desviar la mirada. lo veo como la gota que cayó sobre la gota que rebalsó el vaso que nunca estuvo lleno, un pedazo de cartón desintegrándose en un plato vacío. los distintos tonos del cielo diluyéndose en un líquido corrosivo, goteando de las sábanas y quemando el piso. lo veo como las naúseas de no querer prender las luces, cerrando los ojos ante el brillo de una realidad que hace combustionar todos mis compuestos en un día que nunca termina. lo veo todo como levantarme por la mañana y decir ¿qué es esto?, sintiéndome borrosa y riendo de lo verdadero que encuentro el pensamiento de que en realidad nada vale la pena.

rosácea momentánea

vuelvo a sentir cómo me relajo en la pesadez de los veranos pasados. cómo se hunde el colchón de mi cama y limito mis pasos, mis excursiones, mis lazos. cómo duermo indefinidamente hasta que el hartazgo y el hastío me abren forzadamente los párpados. cómo desperdicio los días en llantos, en cantos muertos, en álgidos desvelos, en planes y previsiones para advenimientos inevitables a los que después alejo porque: no, no me atrevo. entiendo que mis piezas están bien colocadas, pero hay una parte del gráfico de pastel con referencias incompletas: en el exterior son desconocidas y grises, en el interior son azules y secretas. quisiera poder sacarlas, pero hay una presión exterior y un prejuicio colectivo que las ata y mantiene quietas. se revuelven y retuercen internamente, pero nunca se mueven; se deforman y queman por fuera, pero nunca se liberan. entretanto sigo tomando duchas infinitas, fingiendo estar dormida, maquillándome con falsa autoestima, aparentando estar en calma, e...

isa

en la tristeza y nostalgia de los manteles bordados, en las baldosas grises que forman el piso del cementerio, en las tardes de té y ta-te-ti en una pizarra con tizas y botones, en la caja de juguetes que daba vuelta cada vez que iba a tu casa, en las siestas de sábanas de menta y vasos de gaseosa, en las duchas indias y las remeras manchadas con barro, en las competencias de bolitas y la lata triunfal, en los bizcochuelos y las vainillas con dulce de leche, en las cortinas blancas con las que me envolvía jugando, en los dibujos que te hice hace años y todavía están pegados en la heladera, entre la radio y la televisión, en los súbitos mordiscos de la tortuga que dormía en la piedra, en la complejidad de mis pensamientos con una mente todavía feliz y niña, en los chirriantes vaivenes de los columpios de la plaza de enfrente, en cada vuelta dada a la misma, en el sega que nunca pude arreglar y los cassettes tirados, en las botellas vacías y los sobres que dejaban los rey...

próxima centauri

te prometo que un día el agua estará dulce, bien dulce. y vamos a sentir que salimos de nuestros cuerpos. cuando llevés tu voz a tu nariz y resuene colorida, rosada por el frío, todo va a estar mejor. cuando tus pestañas goteen júbilo y tu viente refleje la luz en la arena, todo estará resuelto. cuando sientas el piso suave y la piel temblándote impulsiva, el secreto se habrá fundido. el mundo puede cobrar sentido si entendés que lo más importante de tu vida transcurre entre una tarde calurosa y una noche crepitante, nublada, espumosa y gaseosa. entre tu voz emisora y el oído receptor. me encuentro muchas veces contemplando el bucle, hipnotizada, obnubilada. es que observarlo mucho tiempo es entregarte a la ceguera. inhalar sus reminentes es simplemente condensarse, condenarse. por eso, te pido: no seamos personas ciegas, de esas que cortan la carne, el plato y la mesa del comedor. de esas que transmiten el dolor por conducción. diluí tus miedos y todo será como una infan...

este pueblo es tan chico

este pueblo es tan chico que los volantes pegados en el centro vuelan hasta mi casa. tan chico que no deja lugar al misterio, porque todo se sabe, todo se dice, todo se conoce si es que se decide disfrutar la existencia. este pueblo es tan chico que se siente como hablar en una habitación vacía, en donde el eco hace estruendos y tus palabras viajan por todo el lugar. tan chico que los lagos y las montañas de las afueras nos vigilan bien de cerca, y las aguas contienen una pequeñísima parte de la piel de todas las personas que viven acá, aquella que se nos sale de los hombros cuando nos quemamos con el sol. este pueblo es tan chico que el parque ya ha oído cantar a la mitad de la población, y las jarillas del campo seguramente escucharon varias veces nuestros susurros, y el crujir de los troncos ardientes. tan chico que he pasado por al lado de toda la gente. este pueblo es tan chico que lo diferente es controversial y lo revolucionario un pecado mortal. tan chico que u...

levantate, ya es de día.

los perros afuera las luces prendidas los autos errantes una madrugada oscilando entre las agujas de un reloj con un centro palpitante, y manantiales de aguas termales que se te inyectan en la dermis, te renuevan la sangre; es como tomar sol desde adentro. es como llenarse de un cariño extraño, uno que no es humano. sin embargo, un cariño que grita tierra y exhala aire puro, y te refresca los huesos con un viento que te resquebraja la piel pero te abre los ojos. cuando me distraigo de la vista que me ofrencen los hermosos puentes, del calor que me dan las hierbas, me doy cuenta de como el asfalto le quita lo verde al pueblo y las luces iluminan los descampados y las pocas calles de tierra que quedan. se llevan la tierra y te dejan un camino de baldosas flojas. levantate, ya es de día.

entre turbulencias íntimas. entre el aire azulado. entre el gas elevándose por los adoquines. entre el peso de la realidad objetiva. entre el paisaje que se va difuminando. entre un rayo proyectado que lo atraviesa. entre el vestigio del horror. entre el entumecimiento primario. entre la mente irracional. entre el juego invisible. entre la luz blanca y el amanecer rosáceo. entre la tiza y la memoria. entre el oficio y el dolor. entre los ojos y los párpados. entre las sábanas cremosas. entre cortinas finas. entre tazas calientes. entre pieles doradas. entre algodón y vaho. entre tus cejas. entre cuello y sol. entre mi canto y tu emoción. entre todo eso: mi calma, mi alma, el néctar ámbar.

Celia

¿no ves? ¿no ves la luz que sale de sus grietas? ¿el brillo rojo que corre al cortarse la piel? ¿el manto negro durmiendo en su espalda? ¿sus dedos pálidos rozando la cuerda? ¿sus pies yendo a la liberación? ¿el mar helándole las piernas? ¿el temblor en sus labios? ¿su paso inestable? ¿sus ojos vidriosos? ¿su pecho agitado? ¿su alma diáfana?

las cartas

Suspirás con hartazgo porque vivís respirando aire pesado, concentrado en una casa en la que ya llevás demasiados años y que, por derecho, es tuya. Me mirás muy atentamente para la cantidad de pastillas que tenés en tu sistema, y sos muy inteligente para este mundo, por eso es que nunca alguien te dejó mostrarlo. Tus palabras se renuevan cada vez te veo y me parecés increíble, casi tanto como la gigantesca colección de libros que tenés repartida por todos los estantes de la casa y de tu mente. Si tan sólo tus pies no te traicionaran en cada paso, si tus tobillos pudiera soportar el peso de esas cartas, si tu mente no se diera vuelta de un lado al otro en el lapso de unos meses y pudiera, simplemente, mantener el espectro constante: podrías comerte el mundo. Si no hubieras dejado a los perros destrozarte las ropas quizá hoy tendrías el mundo en tus manos, el rosario lejos de la habitación, tus ojos un poco más brillantes. Te veo y me destrozo, porque entre tanta agua turbia veo,...

19 nov. 2017

Llueve afuera, llueve adentro de casa, llueve dentro mío. Llueve en todos lados, no tengo paragüas, y estas botas no sirven de mucho. Llueve porque creí que hoy nos veríamos y al final, y como siempre, no nos vimos. Llueve porque no siento estar haciendo lo correcto. Llueve porque te extraño. Y yo que me sentía tan diferente por andar derramando dos lágrimas y vistiéndome de negro con un luto inexistente. Me creía la víctima de todo esto por sufrir y por odiarme, y al final me destruí.

nada

Lustrá un poco ese carácter, que está dejando de brillar. Se empieza a ver la hipocresía y se destapa tu verdadero ser. Eras el verdadero héroe, hasta que crecí y me encontré con un mundo prendido fuego, y vos sosteniendo un fósforo. No puedo dejarte, porque me meciste entre tus brazos mientras caminabas al borde del vacío. Pero al final me soltaste. Si no tengo tu cariño, no tengo nada.

tercipelo rojo

si te excitan los lujos, los altares revestidos de sudor evaporado, las ropas rebajadas con joyas falsas, un traje que combine con tu encanto. si te gusta callar y sonreír, para estrellarte contra la vereda, para anunciar las buenas nuevas a quienes tenemos mucho para decir. si te vas, errante, el día amarillo, dejando una escena del crimen: sangre sobre la madera, seguida por pies descalzos y olfateada por narices frías. si te reís detrás de las paredes y abrazás al amor al pasar por la puerta, alejate, escapá, no la abras jamás: una dama y un perro están llorando detrás. si no sos lo que la pluma despeinada creía, supongo que todo fue un reflejo de las colchas colgantes que cubrían tu cama, y el almohadón en el que solía dormir para protejerse de los monstruos que no pudiste atrapar.

agua

Aparecé rápido, por favor:  no tengo más fórmulas, me quedo sin palabras,  se me seca la boca.

combustión espontánea

Eran tardes en las que quería brillar sólo porque ibas a estar vos, claramente no pensaba dejarte a oscuras jamás. Por eso, eran las dos y yo estaba lista, disfrazada y parchada, cubriendo el dolor con perfume y ensanchando la falsa expresión de alegría con rímel. A las cuatro me encerraba en el baño con anticipación, porque el miedo tenía que ser propiamente simulado, y no podía encontrarte con las zapatillas llenas de barro de esa vez que se inundó mi cuarto. Me veía en el espejo improvisado y me quitaba cosas que no debía haberme quitado: quedé vulnerable. Aunque a veces sospecho que nunca las saqué y, simplemente, en tales términos la naturaleza de la forma fue el reflejo del fondo. Pero con una palabra las mesas de madera se incendiaron, las luces del techo explotaron y lanzaron chispas. Las cortinas ardían tanto como ardía yo, que sentía los párpados pesados y las piernas demasiado ligeras porque tenía los huesos desintegrados, porque me salía humo del pecho, calcinado, y r...

Cómos, cuándos, por qués

Siempre has sentido que tenés que preguntarme cómo, cuándo y por qué. Ves la necesidad imperante de sobrepasar mis horizontes y elaborar una sentencia. Imponer castigo. Corregirme. En mí, en realidad, todo está bien. Pero un día vos me dijiste que no, entonces me hiciste creerlo. Hoy pienso: no, no estoy bien (sin embargo, ante tu mirada lo estoy, tengo que estarlo). Cuando lloré entre medio de alcohol y sinceridad: ese fue el único escape que encontré alguna vez, porque un día me dijiste que no debía llorar ni frente mí misma, pero yo en un estado alterado me dije que llorara frente a todos. Y ahí me liberé. Ni conmigo, ni con ella, ni con ellos. Me doy vergüenza cuando me veo y sé que no soy como vos, que no hago todo lo que vos hacés, que soy joven pero no libre. Y sí, quiero ser como vos: no sé cómo, sin embargo. intento, busco, veo. Y pobre la llama, porque no tiene la culpa e igualmente trata de prenderse. En el profundísimo fondo lo tengo claro: no me importa. No me ...

hypocrites

Tus corderos saltarines fueron tuyos toda tu vida, hasta el día en el que una liebre con matices salvajes apareció y reacomodó algún conjunto-sistema tuyo que no sabías que tenías. Entonces, también me acomodé yo a todos esos acertijos poco comunes, muy nuevos, que tenía que observar en toda su luminosidad para buscarles el punto oscuro, el trasfondo que se oculta en las "s" al final de las palabras pronunciadas en una llamada telefónica. Fui quemando todos mis componentes como una estrella: pero yo no explotaría majestuosa en una supernova, sino más bien implosionaría en algo parecido a una nebulosa invisible e introspectiva, primogénita de la ansiedad y heredera de mis miedos. Así es como pasé el día de mi juicio llorando, pues sé bien que no es día de fiestas, pero tampoco debería ser de llantos. Entre árboles que susurraban palabras calmantes me dormí; entre auriculares con canciones que he escuchado (seguramente más de cien veces), sollocé. En tu rara mente, tu...

961,8 °C

a las tres de la tarde, en verano, bajo el sol mi cuerpo arde; poco a poco me derrito y me fundo con la calle justo como vos el sol es traicionero, en invierno me calienta, en verano me prende fuego hiciste de las tuyas y me elevaste a mil grados, pero ya no soy tuya: ahora soy parte del cemento con el que me fundí.

acuarela

el rayo que deslumbra el arte de la mente en la piel pinceladas azules en tu pecho calambres en mis piernas superpuestos por un rato vos a tu ritmo, yo profesándote observándote, absorbiendo los rayos de sol que dejás al caminar ángel fumando tranquilamente y tocándome con el destello de su juventud, tan brillante que encandila, tan ensordecedor que no deja pensar y después de formar la ecuación infinita, veo lento como te vas lejos y resignada me dejo flotar, desviándome indefinidamente.

Funeral

está saliendo el sol y llevo repitiendo toda la noche la misma canción me duele la cabeza todavía no volvés no creo que te hayas ido dejaste acá tu ausencia tu cuerpo no está pero tus palabras viven clavadas como un cuadro en la pared ¿ha sido esta noche el funeral?

domingo 4

no tengo por qué seguir así: escondiéndote mi furia contaminando mi magia con tus peligrosos tropiezos a las cinco de la tarde voy por la calle, como siempre mirándome internamente hirviendo lentamente, haciendo ebullición tu mirada me dice que no y mientras construís tus castillos destruís mis ladrillos, los ladrillos de los que alguna vez fuiste protector necesito que entiendas mi dolor, mi muerte interna porque nunca decimos nada y mi red poco a poco se va rasgando se rasgan mis redes se desatan mis nudos y como siempre salgo perdiendo yo a las diez de la mañana en una plaza cercana hay alguien respirando rápido y llorando desesperadamente